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Sábado 1
1 marzo 2006
BOE
núm.
60
2.
Medición del Nivel de pico (L
pico
)
Los sonómetros empleados para medir el Nivel de
pico o para determinar directamente si se sobrepasan los
límites o niveles indicados en el articulo 4 deberán dispo-
ner de los circuitos específicos adecuados para la medida
de valores de pico. Deberán tener una constante de tiempo
en el ascenso igual o inferior a 100 microsegundos, o ajus-
tarse a las especificaciones establecidas para este tipo de
medición en la norma UNE-EN 61672:2005 o versión poste-
rior de la
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REAL DECRETO 287/2006, de 10 de marzo, por
el que se regulan las obras urgentes de mejora
y consolidación de regadíos, con objeto de
obtener un adecuado ahorro de agua que palie
los daños producidos por la sequía.
El agua constituye en nuestros días el recurso más
importante para el desarrollo económico. Las limitaciones
o restricciones al consumo de la misma condicionan gran
parte de las actividades económicas. Sin embargo, el año
hidrológico 2004-2005 ha sido el más seco desde que se
tiene información sistematizada. Adicionalmente, los cua-
tro primeros meses del año hidrológico 2005-2006 están
manifestando un mantenimiento de las condiciones de
sequía que afectan prácticamente a más del 80 por ciento
del territorio nacional, lo que ha llevado a que la reserva
hídrica a mediados de enero de 2006 se sitúe en
14.340 Hm
3
; esta cifra representa una disminución de las
reservas próxima al 40 por ciento de la capacidad total de
los embalses (frente al 58 por ciento en la misma fecha de
2005) y a solo el 32 por ciento de dicha capacidad (frente
al 43 por ciento de hace un año) para los embalses de las
cuencas mediterráneas. Esta situación supone una dismi-
nución de cerca de veinte puntos porcentuales en los
recursos disponibles sobre la media de los últimos diez
años, lo que da una idea de la gravedad de la situación y
de su repercusión potencial sobre el sector agrario.
Aunque las precipitaciones de primavera puedan sig-
nificar una mejora si se modifica la negativa tendencia
manifestada a lo largo de los últimos meses, es práctica-
mente imposible que sean tan abundantes como para
recuperar el déficit acumulado y evitar que durante el pre-
sente año hidrológico se produzcan graves insuficiencias
para atender a las próximas campañas de riego. Incluso si
se mantiene la tendencia de disminución de las aportacio-
nes respecto al mínimo histórico de la campaña 2004-2005,
difícilmente se podrán evitar los problemas en algunos
abastecimientos a poblaciones.
El usuario agrario constituye, por la naturaleza de sus
producciones y las tecnologías de utilización del agua
aplicadas a éstas, el mayor consumidor de agua dentro
del Estado, yendo al regadío cerca de un 75 por ciento del
total del agua consumida. Por lo tanto el mayor potencial
de ahorro está, siempre que las posibilidades técnicas lo
permitan, en conseguir disminuir la cantidad de agua
necesaria para el riego.
Ante esta situación, se hace imprescindible actuar de
la manera más urgente posible en la mejora, consolida-
ción y modernización de regadíos con objeto de conse-
guir una reducción de los consumos unitarios asociados
y, complementariamente, conseguir que la incidencia
agregada sobre el sector de la reducción en la disponibili-
dad de agua sea la menor posible.
Correspondiendo la distribución en alta al Ministerio
de Medio Ambiente y en baja al Ministerio de Agricultura,
Pesca y Alimentación, la sincronización de las actuaciones
produce, sin duda, una sinergia que incrementa notable-
mente la eficacia de las medidas tomadas. En este con-
texto, el Ministerio de Medio Ambiente y el Ministerio de
Agricultura, Pesca y Alimentación teniendo en cuenta
estos criterios de coordinación y eficacia, proponen, una
serie de actuaciones que se desarrollan en este real
decreto encaminadas a maximizar, cada uno en su esfera
de competencias, pero coordinadamente, el ahorro de
agua en una parte importante del sistema de regadío, lo
que afecta tanto a la red de distribución en alta, como a la
red de distribución en baja.
Por otra parte, el Plan Nacional de Regadíos consti-
tuye un instrumento básico para el desarrollo de la polí-
tica de regadíos. Dado el tiempo transcurrido desde su
puesta en marcha, se hace necesaria una nueva orienta-
ción más acorde con las necesidades y sensibilidades
actuales, y, en particular, con la situación de sequía, que
ha puesto no solo al sector agrario, sino a toda la socie-
dad en una situación de escasez de agua, que en algunas
comunidades autónomas ha generado situaciones dra-
máticas. Por ello la necesidad imperiosa de ahorrar agua
a la hora de modernizar nuestros regadíos se convierte en
una cuestión prioritaria.
El objetivo de estas actuaciones no solo se reduce a
obtener un ahorro de agua en la zona objeto de actuación,
sino que también trata de incorporar recursos no conven-
cionales al sistema de riego, como son las aguas proce-
dentes de desalación y de depuración de aguas residuales
de núcleos urbanos, haciendo especial hincapié en las
actuaciones en las Comunidades Autónomas de Canarias
y de Illes Balears.
T
odos estos esfuerzos realizados desde la Administra-
ción se complementan con el interés mostrado por los
propios regantes, en alcanzar la máxima eficiencia hídrica,
controlando que el suministro de agua a sus cultivos sea
el necesario para satisfacer las necesidades netas de la
planta, impulsando, por tanto, técnicas de riego que opti-
micen las producciones y permitan la competitividad de
nuestras explotaciones de regadío, en el marco de un sis-
tema productivo cada vez más globalizado.
Los objetivos de optimizar el uso de agua disponible
mediante actuaciones como son la modernización de los
sistemas de transporte, distribución y aplicación del agua
en parcela, la elección de cultivos con variedades menos
exigentes en agua, o el empleo de recursos hídricos alter-
nativos a los convencionales, son aspectos ampliamente
compartidos y apoyados por todos los agentes implica-
dos. Pero es necesario dar un paso más en la moderniza-
ción de nuestros regadíos, como es la incorporación de
los regantes a la sociedad de la información, a través de la
implantación de modernas tecnologías de comunicacio-
nes para alcanzar una mayor eficiencia global del sistema
de riego a la vez que se crea empleo de calidad capaz de
gestionar de otra manera el agua de riego, lo que supone
el desarrollo de un potente sector de servicios ligado a la
modernización de regadío que, sin duda, contribuye a
consolidar el sistema agroindustrial asociado al regadío,
fijando a su vez población y mejorando la calidad de vida
en todas las zonas de influencia.
Para alcanzar estos objetivos se deben seleccionar
aquellas zonas de riego con una menor eficiencia hídrica
que a su vez afecten a un mayor número de agricultores
pero sin dejar de lado otras superficies con características
similares.
Para conseguir los objetivos señalados es imprescin-
dible contar con los recursos financieros previstos en el
Plan Nacional de Regadíos y en el Plan Hidrológico Nacio-
nal pero, al no ser estos suficientes, es necesario utilizar
nuevos mecanismos financieros como la movilización
singularizada de los recursos disponibles por
TRAGSA,
con arreglo a lo previsto en su ley reguladora, por ser
TRAGSA un medio público instrumental de la Administra-
ción.
En definitiva lo que se persigue es la puesta en mar-
cha de un plan de urgencia con el año 2007 como hori-